Tres dosis de realidad que nos deja 2016 en Talentier

Por Leo Ruffini | 10/01/17

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Me piden los de marketing  un equipo de cracks que me tienen ojiplático con cómo se han espabilado estos últimos meses – que resuma en un artículo qué ha sido 2016 para Talentier.

¿Qué es lo primero que te viene a la cabeza cuando te piden algo así (aparte, claro, de que los muy golfos acaban de colarte un gol para ahorrarse un post)?

Pues que toca sacar pecho, preparar una ensalada de cifras y métricas, y aliñarla para que deje una impresión positiva. Al fin y al cabo, en esto de emprender siempre estás buscando clientes, talento e inversión, y hay que asombrar al personal con lo logrado.

Y es cierto: 2016 nos ha ido bien y hay que contarlo, sobre todo porque hay que agradecer a los que lo han hecho posible: equipo, inversores, instituciones que nos han dado financiación... Hemos crecido en clientes y nos hemos ganado la confianza de compañías de gran tamaño que parecían inaccesibles unos meses atrás; ya tenemos una buena base de agencias de selección capaces de cubrir un abanico muy amplio de posiciones, desde las más típicas hasta las que requieren un altísimo grado de especialización; hemos tenido el privilegio de ser finalistas de BStartup y de codearnos con los mejores mentores e inversores de Internet en SeedRocket; ya estamos trabajando con clientes en nuestro primer mercado internacional, Qatar. Y sobre todo, hemos formado un equipo capaz de crecer aún más rápido en los próximos meses.

Repasados lo éxitos, es bueno recordar el espíritu del Señor Lobo de Pulp Fiction y darse cuenta de lo mucho que queda por hacer. Y para ello creo que nos ayudará resumir 2016 en tres aprendizajes –o tres dosis de realidad– que nos hemos llevado este último año.

 

1) Crecer rápido no es suficiente

El primer hito es lograr que alguien te pague por lo que ofreces. Esa primera factura te llena "de orgullo y honda satisfacción": por primera vez alguien te confirma con cash (la única prueba fehaciente) que realmente le estás ayudando. Lo cuentas y la gente te felicita, pero por poco tiempo...

Porque enseguida hay que lograr el segundo hito: repetir el éxito con otros clientes. Demostrar que esa primera factura no ha sido un hecho aislado, sino que hay más gente ahí afuera dispuesta a pagar por lo que ofreces.

Y cuando estás creciendo en clientes y logrando que repitan y crees que tienes algo que celebrar,  te das cuenta que crecer a buen ritmo ya no es suficiente: hay que despegar y crecer a niveles que, como dice Miguel Arias, parecen venidos de la mente calenturienta de un inversor ávido de dinero fácil… pero que tienen su lógica. Y esta lógica viene marcada por las condiciones del mercado de financiación. Así que si eliges jugar a “Rondas”, ya sabes lo que te toca.

En resumen: que esto va de crecer, y de hacerlo a velocidad de vértigo. Y sí, puede darse la cruel paradoja de que el equipo haya hecho un buen trabajo, que esté logrando un crecimiento encomiable… y que no sea suficiente. Game over.

 

2) Crecer es incómodo

Hace años leí un reportaje que contaba como jóvenes chinas pasaban meses ingresadas en una clínica para ganar unos cuantos centímetros de altura. Llevaban unas barras metálicas extensibles que les estiraban los huesos de las piernas y, semana tras semana, un doctor de sonrisa algo sádica giraba una tuerca y alargaba las barras. La expresión de las chicas dejaba claro que aquello les dolía pero que no se irían de allí sin lograr su objetivo. 

Cuando pienso en los retos que afrontamos como empresa joven me viene a la cabeza aquella imagen. Estoy convencido de que ningún proyecto emprendedor es capaz de crecer al ritmo que toca si los que la impulsan no son capaces de crecer con ella. Como personas y como profesionales. Y lo que hemos aprendido este año, lo que seguimos aprendiendo cada día, es que crecer es incómodo, a veces incluso doloroso. Es salir de la zona profesional en la que uno está calentito y confortable, y enfrentarte a toda una serie de tareas que sin duda preferirías ahorrarte, que quizás llevas toda tu vida evitando. No se trata de hacer bien lo que uno sabe o le gusta hacer; se trata de hacer lo que toca para lograr el objetivo.

 

3) No basta con ser buenos: hay que ser extraordinarios

La experiencia SeedRocket fue realmente positiva. Las charlas, las mentorías y el contacto con los mejores inversores de tecnología en España supusieron un punto de inflexión para nuestro proyecto. Pero fue igualmente valioso conocer a los otros emprendedores seleccionados y compartir experiencias, penas y alegrías con ellos. Me di cuenta de que allí afuera hay proyectos y emprendedores de altísima calidad y me llevé una conclusión: de la misma manera que no basta con crecer sino que hay que hacerlo rápido, no basta con ser buenos; hay que ser extraordinarios. Si no en todo, al menos en algo. Diferenciarse, ser audaces, ser los pioneros, ser exigentes, atreverse a ser diferentes, llegar donde no llegan otros. Como dice Víctor Kuppers, lograr el efecto ole, ole y ole.

 

Aquí lo dejo por hoy. Uno de mis retos personales para el 2017 es gestionar mejor mi tiempo... y ya se me está acabando el tiempo que había previsto para este post. Así pues, ¡sólo desear que este año sea un año de crecimiento para todos!

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Categorías: Actualidad, Talentier

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