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Carta de una cliente: "Cómo Talentier hizo añicos mi vida"

Por Clara Ardévol | 12/12/17

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Es fundamental recibir feedback de nuestros clientes. Nos ayuda a saber lo que estamos haciendo bien y lo que podemos aún mejorar. Por esto en Talentier nos enorgullece compartir los comentarios positivos de las empresas a las que ayudamos a encontar talento extraordinario.

Pero hemos quedado totalmente desconcertados por la carta que hemos recibido de una cliente. Sí, una carta. Por el correo de toda la vida. No era un email, ni un mensaje desde el formulario de contacto de nuestra web.

El contenido de la carta es… bueno, ya lo veréis vosotros mismos. Por esto dudamos qué hacer con ella, si esconderla, destruirla o devolverla. Pero finalmente hemos decidido ser fieles a nuestros valores de transparencia y servicio al cliente. Aunque nos duela, es nuestro deber publicarla y tomar nota de lo que debemos mejorar.

A continuación transcribimos, sin censura alguna, la carta que nos escribió Eloisa De Páramo (nombre ficticio, para respetar su derecho de privacidad), la fundadora y CEO de la que es hoy una famosa plataforma online de comida a domicilio (a ver si adivináis cuál es).

"Cómo Talentier hizo añicos mi vida"

Sí, el título de mi carta no exagera. Ya me conocéis muy bien, pero resumo mi historia, para que quede constancia escrita de lo que me habéis hecho. Yo era la dueña de una pequeña start-up. Mi vida era humilde y sencilla, pero tan perfecta como la de un anuncio de mantequilla. Todo eso acabó el día que decidí confiar en vosotros.

Os pongo en contexto: el programador front-end se marchó a Australia y, como sabía que era un perfil muy difícil de encontrar, decidí buscarle un sustituto con Talentier, ya que presumíais en vuestro blog de encontrar el mejor talento especializado en muy poco tiempo. “Ya será menos”, pensaba yo. Inocente de mí… nunca hubiera imaginado que una publicidad no engañosa tuviera consecuencias tan nefastas. Y es que, al cabo de una semana de poner en marcha la externalización del proceso de selección, apareció él: Roberto. Era un chico de unos treinta años, con gafas de pasta, acné, y una camiseta de Star Wars. “El típico informático friki”, pensé, pero no dudé en contratarle, pues tenía un currículum brillante y reunía todas las características que buscaba.

Todo parecía perfecto: Roberto revolucionó nuestra página de arriba abajo y mejoró nuestro posicionamiento web, ya que además de front-end resultó ser un genio en SEO. Nuestros clientes no paraban de aumentar, pero Roberto era tan brillante que la comunicación con él era algo complicada. Siempre hablaba de frameworks, reacts, redux y node. “¿No puede hablar como una persona normal?”, pensaba yo.

Sus resultados profesionales eran tan buenos que quise volver a poner a prueba Talentier, para contratar a un marketing manager y un director comercial, ahora que la empresa crecía. Tenía demasiada curiosidad por saber si esta vez la clavaríais de nuevo, o si lo de encontrar a Roberto sólo había sido casualidad.

En dos semanas recibí currículums brillantes, de aquellos que lees y piensas que no hace falta ni entrevistar al candidato. Toda una lástima… empecé a echar mucho de menos reírme con aquellos currículums cutres que recibía antes de contratar Talentier: letra Comic Sans, estudios inventados en universidades inexistentes y ese nivel de inglés very good. Qué buenos ratos pasaba…

Pero Talentier lo arruinó todo. Sí que era inteligente esta red vuestra… tanto que me hacía sentir tonta. Gestionaba mis procesos de selección desde una única herramienta y de forma casi automática. Prácticamente se puede decir que no tenía que mover ni un dedo, así que todo este tiempo que yo dedicaba a consultar LinkedIn, Infojobs y lidiar con agencias externas, lo tenía finalmente para poder hacer otras cosas. El problema es que mi equipo lo hacía todo por mí, mejor que yo, y me sobraba muchísimo tiempo. Al final dedicaba las horas libres a mirar Sexo en Nueva York a escondidas de mis trabajadores.

A pesar de mi falta de dedicación, Talentier hizo que rápidamente mi empresa (ya no era una start-up) fuera ocupada por un ejército de empleados brillantes, que hacían un gran trabajo pero que –y esto negaré haberlo dicho– eran tan perfectos que daban un poco de asco. “¿Y el encanto de los trabajadores mediocres que se pasan las tardes jugando al buscaminas?” –me preguntaba, desesperada– “¿Qué es de una jefa si no puede echarle la bronca a nadie porque no tiene motivos?”.

Con todo este talento que me conseguisteis, logré que en sólo unos meses mi empresa pasara de ser una pequeña start-up a la compañía número uno del sector. Era la envidia de las grandes marcas de venta de comida online, la Willy Wonka de las hamburguesas a domicilio, pero en vez de los entrañables Oompa Loompas tenía los trabajadores 10 que Talentier me había conseguido.

Aunque no es oro todo lo que reluce: como ahora era millonaria y todo el mundo conocía mi empresa, tenía que acudir a todas las galas y entregas de premios para emprendedores habidas y por haber. Con sus consecuentes discursos interminables, photocalls –¡yo! que odio las fotos…– y comentarios superficiales. Y no sólo eso: mi familia acabó convenciéndome de comprarnos un SUB o SUV, no sé cómo se escribe pero me entenderéis, esos coches muy grandes, y una casa en la playa. ¡Pero si odio el sol y que se me quede enganchada la arena por todo el cuerpo!

Además, vuestra dichosa solución tiene la gran ventaja de “conseguir talento pasivo”, así que vuestros reclutadores encontraron talentos extraordinarios que ya estaban trabajando en otras empresas. ¿Genial, no? Pues no… porque desde entonces, los dueños de la competencia me hacen el vacío y chismorrean en estas malditas galas de círculos empresariales. Alguna vez incluso han tratado de que me quedara sin canapés… y eso sí que no toca.

Y desde entonces, nada ha mejorado: mis trabajadores 10 siguen dando resultados 10 y mi compañía sigue teniendo un rendimiento 10 porque –¡encima!– encontrasteis candidatos fieles a los valores de mi empresa, así que no se quieren ir ni con agua caliente.

Y aquí me véis, dando un montón de TED talks sobre cómo logré construir el imperio de la comida a domicilio. Intento hacer discursos sobre la importancia del fracaso, de no rendirse nunca y de volver a intentarlo, a lo Steve Jobs, pero en el fondo es todo inventado... Mi extraordinario equipo lo construisteis vosotros, Talentier, y contar eso no me ocuparía más de un minuto...

Mi vida ya la habéis fastidiado, sólo espero que no fastidiéis la de nadie más con tanta efectividad. ¿Tanto cuesta ser un poco más mediocre?

Hasta nunca,

Eloisa de Páramo

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Y hasta aquí la carta de Eloisa de Páramo. Hemos intentado contactar con ella pero no responde a nuestras llamadas ni emails. Probablemente tendremos que enviarle una carta, como ha hecho ella con nosotros.

Mientras intentamos comunicarnos con ella, esperamos que nadie más se sienta mal porque Talentier encuentre talento extraordinario para su empresa. Hasta ahora nuestros clientes estaban muy contentos, pero tarde o temprano tenía que haber alguien a quien le incomodase haber contratado candidatos tan exitosos... :)

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Categorías: reclutamiento, Externalización, Selección de talento, Talentier, Casos de éxito

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